lunes, 26 de febrero de 2018

Reto 2

Una de las primeras ideas que el estudio de los materiales de este segundo bloque me ha suscitado es, por así decirlo, algo que, de manera latente, se albergaba en mi experiencia: la dimensión cuantitativa de un hecho o la evaluación del mismo es importante, pero, con frecuencia, se relegan, por desconocimiento o desconsideración, otros elementos de índole cualitativa que, en mi opinión, deben estar presentes en cualquier juicio o evaluación. En este sentido, me parece que los individuos pueden adaptarse a distintas situaciones desde distintos puntos de vista para los que se ponen en marcha mecanismos cuantitativos y cualitativos. Tengo la impresión de que en la definición y funcionamiento de las inteligencias múltiples se implican distintos tipos de respuestas, ni mejores ni peores, complementarias que hacen, en definitiva, a la persona inteligente. Es así que la imagen del cerebro como un ordenador con distintos niveles de funcionamiento –alto, medio o bajo- ha dejado paso en mi imaginario personal a esa otra fotografía mucho más completa y cabal de distintas máquinas funcionando simultáneamente con distinto margen de acierto.


Así las cosas configurar una definición de inteligencia que pueda satisfacer a todos es una tarea –no sé si imposible- cuando menos complicada. En este sentido, cabe animarse a dar una pauta generalista y parcial que pueda servir de punto de partida para ulteriores complementos. Entiendo, con las salvedades ya señaladas, que la inteligencia es el potencial de respuesta del individuo en un determinado contexto ante un reto concreto; dicha respuesta puede ser diversa en el momento en que el obstáculo, la prueba o el reto planteado varía, de manera que es un potencial adaptativo y diverso con posibilidades de perfeccionamiento cuando se hacen intervenir en las respuestas variables independientes que permiten la manipulación o la perfección de los resultados.


Desde mi experiencia, puedo afirmar que no todos los alumnos dan las mismas respuestas a un único estímulo o tarea. Son diversas las estrategias que ponen en funcionamiento y, con frecuencia, los profesores no reconocen adecuadas todas las que se aplican, sino tan sólo las que se ajustan al patrón establecido y cerrado de la instrucción tradicional. Hay que reconocer que, aunque estén presentes en el alumnado distintas inteligencias, no se aplican convenientemente los ejercicios que puedan ayudar a su desarrollo e implementación. No obstante, en la actualidad esta tendencia, creo, está dando paso a la integración, en cuanto a la evaluación del alumnado, de distintas capacidades –no solo contenidos- que se hacen presentes a través de los estándares de aprendizaje que concretan, con distinto grado de logro, los criterios de evaluación establecidos para una determinada área o nivel.

No sé muy bien cómo dar respuesta a la últimas de las cuestiones: ¿cómo crear una escuela que dé respuesta a diversidad de inteligencias? Con todo, habría de partir de un concepto integrador e inclusivo. Dicho de otro modo: la diversidad y la pluralidad del alumnado debe ser tenida en consideración a la hora de diseñar los plantes de actuación. Es importante tener en cuenta los distintos ritmos de aprendizaje y las distintas estrategias que se pueden aplicar en la resolución o en el análisis de un mismo hecho. La media de un proceso debe integrar también los datos no sólo cuantitativos de las respuesta, sino también los cualitativos. Por último, la escuela debería tener presente también al individuo como ser social, de manera que las estrategias y capacidades de autoformación e integración en el grupo sean tenidas en cuenta como un elemento más a valorar.

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